Sobre mí

A mis 11 años mi madre dio a luz a dos preciosos gemelos. De un día para otro dejé de ser la pequeña de dos hermanos mayores para pasar a ser ayudante de mi madre y única niña de entre 4 niños, mi padre y mi abuelo.

Eran los inicios de los 80 y en casa todavía se respiraban fuertes atisbos de machismo. Allí se empezó a forjar la mujer positiva, introspectiva, sensible, intuitiva y de recursos que cree en la afirmación, a veces difícil de reconocer, “Nada sucede por casualidad”.

Diecinueve años después, con el embarazo de mi primer hijo me diagnosticaban una Diabetes Gestacional que se repitió con mi hija y acabó en diabetes Tipo I. Recuerdo una gran lista de prohibiciones alimentarias que era incapaz de cumplir y un montón de cuestiones a las que no encontraba respuestas convincentes:

¿Qué causa lleva a un páncreas de generar insulina a dejar de hacer su función? ¿Qué hace me sea tan difícil mantener la dieta que necesita mi cuerpo? ¿Cómo puedo cocinar platos, panes y postres sabrosos que mantengan los niveles de glucosa adecuados?.

¿Es un tema puramente del cuerpo? ¿Qué grado de implicación tienen la mente y las emociones en la enfermedad? ¿Cómo encontrar el equilibrio en mi vida para no perjudicar mi cuerpo?

A todo ello se sumó en junio del 2007 la pérdida de mi padre en un accidente; 24 horas antes almorzábamos juntos compartiendo una muy especial, sincera y reflexiva conversación.

La muerte repentina de mi padre, la diabetes inestable,…me ponían a prueba llevándome a cuestionar trabajo, matrimonio, amigos, deporte, alimentación, la vida, la muerte y el sentido de la existencia. Debo confesar que ¡no fue una época fácil!  Me sentía con varios frentes abiertos y sus respectivos miedos atrapándome.

Viré el timón dejando atrás 14 años de banca y seguí las sugerencias de mi padre. Nos redescubrimos con mi maravilloso y gran soporte, mi marido. Abandonamos el bullicio de la ciudad para vivir en un pueblo, retomé las manos de mis preciosos hijos y recuperé a una extraordinaria amiga de la Universidad con la que empezamos a bañarnos en el mar casi todos los días del año. ¡Todavía hoy disfrutamos de este increíble placer matutino!.

Me inicié en la meditación, estudié Programación Neurolingüística, Yoga Nidra, Salud Sistémica con el Dr. Hausner, distintos tipos de Coaching, incluyendo el de Salud en el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York y Mindfulness aplicado a la alimentación, el dolor y las enfermedades crónicas; al tiempo que me entusiasmaba por la cocina fácil, rápida y sana para mi páncreas.

Profundicé en la meditación con el Lama Rinchen y su Programa E.M.I (Entrenamiento Mental Integral). Aprendí Numerología de la mano de una gran mujer y me interesé por el Diseño Humano, el cuerpo, la mente las emociones, las energías y la muerte. Descubriendo en esta última, gracias a la Asociación AVES, a su fundadora, equipo, Formación en Acompañamiento al duelo y a las pérdidas y en el voluntariado, un sentido más profundo, transformador y amable de la vida.

Hoy me siento ¡llena de regalos! pues todo lo vivido y lo que vivo en este momento único, el presente, me permiten respirar con mayor plenitud, serenidad, compasión y agradecimiento; apreciando que la vida es un vaivén de cambios permanentes, de desafíos, en los que a veces, ¡qué os voy a contar!, tu cuerpo entero está agotado y aunque cuesta, toca rendirse para hallar después nuevas oportunidades.

Llevo años interesada en todo aquello que nos acerque al bienestar y nos libere del sufrimiento. Me he dado cuenta que cuando abrimos nuestra mente y nuestro corazón es posible. Es en esta apertura cuando se nos muestra un universo de infinitas posibilidades, en nosotr@s mism@s, dónde es más sencillo encontrar ese «algo» o alguien a qué o quién acogernos cuando las cosas no van o no son como uno desea.

Así que sólo puedo decir con claridad y convicción: ¡Adelante, ATRÉVETE a descubrir que le ocurre a tu vida cuando coges las riendas con atención plena  y miras de frente a tus miedos!

UN SECRETO: Créete que existe como mínimo una opción ante cualquier adversidad y distánciate, aunque sean unos instantes cada día, para adquirir la suficiente perspectiva y ver más allá de tu ombligo.

Un fuerte abrazo y muchas gracias por leer hasta el final,

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